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Diarios de padres y madres

“Lo intenté día tras día, hasta que de pronto, al cumplir casi ocho semanas, lo consiguió. No me lo esperaba para nada”.

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Jamás pensé que la lactancia sería tan dura

JULIANNA, NEW YORK


Quería amamantar a Tully con todas mis fuerzas, pero tenía la boca tan pequeñita que no podía agarrarse bien. La situación estaba acabando conmigo. Anhelaba vivir ese increíble momento con el bebé y sentir la ternura de darle el pecho, pero no era posible.

Fuimos a consulta con el especialista en lactancia del hospital. Luego, otra especialista vino a casa. Nos dio muchísimos consejos, nos recomendó que pusiéramos al bebé en contacto directo con nuestra piel, nos dijo que siguiéramos viendo la experiencia como algo positivo, pero NO LO ERA. Las circunstancias eran estresantes.

Claro que yo no quería tirar la toalla. Jedd, mi pareja, me consiguió un sacaleches de uso hospitalario y lo usé día y noche durante el primer mes. Fue muy duro no saber si lo estaba haciendo bien o si me estaba extrayendo leche suficiente, pero le cogí el tranquillo y, antes de que me diera cuenta, me sentí tan cómoda haciéndolo que conseguía extraerme alrededor de litro y medio o litro y tres cuartos de leche al día. Vaya, ¡me sobraba!

Julianna

Era genial para Jedd, porque significaba que podía implicarse a la hora de darle de comer, pero yo seguía queriendo dar el pecho. Lo intenté día tras día hasta que, de pronto, cuando tenía unas ocho semanas, lo consiguió. Fue totalmente inesperado. Estaba sorprendida, pero aun así era bastante prudente. No me creía que todo fuera a solucionarse por arte de magia. Así que llamamos a la asesora de lactancia. Otra vez. Necesitaba saber qué hacer, cómo gestionar mi suministro de leche y empezar a dar el pecho. Pero iba a volver a trabajar al mes siguiente, ¡así que tampoco quería dejar de darle el biberón!

Me aconsejó que sustituyera gradualmente las sesiones de extracción por amamantamientos hasta que lograra darle el pecho en la mayoría de las tomas, pero combinándolo con un par de biberones al día. Y eso es lo que hicimos. Fue increíble, especialmente después de lo que nos había costado conseguirlo. Recuerdo un día que estábamos en el metro. Yo estaba de pie, sujetándome a una de las barras, con Tully en el portabebés de tela. Tenía hambre, así que empecé a darle el pecho. Conseguí pasar todo el trayecto y subir las escaleras de la estación con él mamando en el portabebés. Me sentí como una supermamá. ¡Jamás pensé que sería capaz de algo así! Nunca imaginé que lograríamos estar en este punto y sonreí para mí pensando en lo lejos que habíamos llegado. Juntos.

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Lo mejor que pude hacer fue unirme a un grupo de apoyo para madres de la zona.
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