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Diarios de padres y madres

“Disponíamos de un par de días para crear toda una vida de recuerdos, así que debíamos aprovecharlos”.

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El aborto jamás se supera. Te cambia para siempre.

Ruth, London, England.


Fuimos de vacaciones a la India poco después de saber que estaba embarazada. Mi familia es bastante numerosa y ninguna de mis amigas había tenido problemas durante el embarazo, así que di por sentado que todo iría bien, pero cuando regresamos y me hicieron la ecografía de las 12 semanas, no encontraron signos de vida, no se escuchaban los latidos.

Ni siquiera me había parado a pensar en la posibilidad de sufrir un aborto; eso era algo que solo pasaba en la tele. No obstante, aquello me afectó sobremanera. Estaba hecha polvo. Me entraron unos celos terribles de otras mujeres embarazadas: cuando las veía, sentía un odio superior a mí, y mira que no las conocía de nada ni ellas a mí.

Escuchar las palabras “Lo siento mucho, pero no hay latido” tiene que ser una de las cosas
más devastadoras que una madre puede oír en su vida.

Me obsesioné con el tema. La única manera de hacer frente a la situación era intentar quedarme embarazada de nuevo cuanto antes. Y funcionó. Cuando me quedé en estado de Scarlett y la ecografía de las 12 semanas fue positiva, sentí que me había curado, que era una mujer embarazada normal y corriente. No se te llega a olvidar el aborto, claro, pero después de aquella eco me tranquilicé y volví a suponer que todo saldría bien. No se me pasó por la cabeza que era posible sufrir un aborto más adelante. De manera que, cuando fui al hospital porque no la había sentido moverse demasiado durante unos días, me dije a mí misma que me estaba volviendo paranoica. A decir verdad, escuchar “Lo siento mucho, pero no le encontramos el latido” tiene que ser una de las cosas más devastadoras que una madre puede oír en su vida.

El 27 de noviembre di a luz a Scarlett. Era un sábado, aún lo recuerdo. Antes, ya había hablado por teléfono con Jane, la matrona experta en ayudar a parir bebés muertos, porque era su día libre. Nos ayudó muchísimo. Logró que nos centráramos en cómo queríamos pasar el poco tiempo que teníamos con la niña antes de tener que despedirnos de ella. Hasta que hablé con Jane, estaba ofuscada con los aspectos prácticos, como la autopsia, el funeral y las opciones que teníamos a partir de aquel entonces. Quizá era una forma de evitar hacer frente a la realidad. Quería tener un plan, fechas concretas, alternativas. Jane me ayudó a dejar todo esto a un lado. Nos indicó con mucha delicadeza que teníamos que considerar cómo queríamos pasar el tiempo con nuestra hija, y que ya habría tiempo para lidiar con todo lo demás. Disponíamos de un par de días para crear toda una vida de recuerdos, así que debíamos aprovecharlos. Cuánta razón tenía Jane.

Quería que la conocieran, de manera que cuando ahora hablamos de ella, saben quién era.

Al echar la vista atrás hacia el parto, no me arrepiento de nada. El equipo que estaba con nosotros trató a Scarlett como a cualquier otra niña, diciendo lo guapa que era y comentando a quién se parecía. El primer día lo pasamos juntos; solamente estábamos mi marido, mi hermana y yo. La bañamos. No era consciente de lo duro que sería, tanto emocional como físicamente, pero me alegro mucho de que lo hiciéramos. Hicimos impresiones de las plantas de sus pies y yo cogí un mechón de su pelo. Más que nada, le hablamos. Le contamos todas las cosas que queríamos para ella y cuánto sentíamos que no fuera a poder hacer ninguna de ellas.

Pero también quería presumir de hija. Estaba muy orgullosa de ella. Mis padres, suegros, hermano y algunos de nuestros amigos más cercanos vinieron a conocerla el domingo. Eso era muy importante para mí. Quería que la conocieran, de manera que cuando ahora hablamos de ella, saben quién era. La matrona que cuidó de nosotros era muy atenta. De hecho, todo el equipo era magnífico. Cuando descubrí que Scarlett había fallecido, había una estudiante de matrona presente. Era su primer turno. Vino a vernos en su descanso para la comida al día siguiente. Entendía lo orgullosa que estaba yo y quería conocer bien a Scarlett.

El funeral fue increíblemente duro. Normalmente, en los funerales alguien se levanta y dice algo sobre el difunto, sobre su vida, pero Scarlett solo había vivido dentro de mí. Hablé con el cura que iba a oficiar la misa y me dijo: “Ruth, la única persona que la conocía de verdad eres tú”. Así que me puse a escribir lo que quería decir y la verdad es que me salió con mucha facilidad. Me sentí orgullosa de compartir mis recuerdos sobre ella y aún sigo estándolo. También escribí un diario durante un tiempo. Le escribía a ella y eso me ayudaba.

Ruth

Después del parto, mi estado de ánimo fue una montaña rusa durante semanas. Pasaba de afrontarlo bien a derrumbarme por completo, a menudo sin ningún tipo de detonante. Mi marido llamó a Jane y le dijo que estaba preocupado por mí. Ella me derivó a un consejero y fui un par de veces, pero no sentía que me ayudara mucho. Tenía mi propia forma de afrontarlo. Tenía que comprender, planificar, saber qué iba a pasar ahora, cuáles eran mis opciones. Jane era brillante, me ayudó a preparar un plan de acción. Ambas aprendimos mucho y ahora somos grandes amigas. También conocí mediante las redes sociales a otra gente que había perdido a sus bebés. Su compañía y las experiencias que compartieron conmigo fueron de un valor incalculable, especialmente cuando empecé a intentar tener otro bebé.

Este tipo de cosas afectan a toda tu vida. Te acercan más a algunas personas y te alejan de otras. Te cambian para siempre. Ahora estoy formándome para convertirme en matrona, tengo un nuevo grupo de amigos extraordinariamente fuertes y, a pesar de haber sufrido otros tres abortos, estoy muy agradecida de tener a dos niños preciosos que me han ayudado a reparar mi corazón roto. Fue el momento más duro por el que he pasado en la vida, pero también creo que si perder a Scarlett no me ha roto por completo, es difícil que otra cosa vaya a poder hacerlo.

Lo mejor que pude hacer fue unirme a un grupo de apoyo para madres de la zona.
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