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Diarios de padres y madres

“Me pasaba horas sentada en un cuarto oscuro para conseguir que se durmiera...”.

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¡Nadie te habla de las tardes difíciles!

Louise, Bristol, England


Freya siempre ha dormido bien por la noche. Desde el día en que nació, dormía al menos en bloques de cuatro horas y no tardó en hacerlo de corrido, como decían todos los libros y artículos que leímos. En eso tuvimos mucha suerte.

El problema eran los días, no las noches. En particular, las tardes. La niña nunca ha podido dormir bien de día, una cuestión que mucha gente subestima. Todo el mundo dice que preferiría tener un bebé que durmiera bien por la noche, aunque no lo hiciera de día. Y yo estaba de acuerdo hasta que me encontré con una niña agotada e irritable durante toda la jornada. Aquella situación nos aisló prácticamente del mundo, lo que a su vez resultó deprimente.

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A partir de la segunda semana y media, más o menos, la niña cogió la costumbre de empezar a berrear alrededor de las cinco de la tarde hasta la hora de dormir, a no ser que durmiera la siesta, cosa que nos costaba conseguir. A veces, teníamos que pasear durante horas con Freya en el portabebés o en el carrito, o quedarnos tumbados en el sofá con ella dormida sobre uno de nosotros. El médico nos recetó un medicamento para los cólicos, pero no le hizo efecto. Recuerdo leer en alguna parte que los cólicos suelen empezar a retirarse a las seis semanas, pero las tres semanas y medias que aún quedaban por delante nos parecían eternas. Llegó un punto en que empecé a temer que llegaran las cinco de la tarde. Más adelante, cuando Freya cumplió 10 semanas, todo cambió y las tardes imposibles desaparecieron.

No obstante, seguía siendo dificilísimo ponerla a dormir durante el día. Al principio, no era tan malo; se quedaba dormida y veíamos la tele todo el día, pero a medida que el clima mejoraba, yo me aburría y me sentía como pájaro en jaula todo el día en la casa. Empecé a intentar que durmiera de día en la cuna a eso de las 12 semanas, pero me pasaba horas sentada en un cuarto oscuro día tras día. La niña era incapaz de tranquilizarse y, cuando lo conseguía, solo dormía una media hora. Aquello me frustró tanto que empecé a martirizarme por ponerla a dormir sin estar cansada del todo o no dejarla dormir hasta que estuviera exhausta. Me costó llegar a la conclusión de que hay niños que simplemente no duermen durante el día, sino que solo dan una cabezadita, digan lo que digan los denominados “expertos”.

Un día, a eso de las 15 semanas, intenté dormirla como cada día. La niña estaba cansada, lloraba y se retorcía, así que salí del cuarto y pensé “vamos a ver si puedes dormirte sola”. ¡Y así fue! A los cinco minutos estaba como un tronco. De modo que esta fue la estrategia que seguí a partir de aquel momento. Cuando la dejaba en la cuna, lloraba de una manera descontrolada, pero nunca más de 10 minutos y se quedaba dormida. Sabíamos que necesitaba dormir, pero hasta aquel momento la niña no había sido capaz de tranquilizarse por sí sola. No sé muy bien qué cambió, pero una vez que aprendió a hacerlo, empezó a dormir la siesta con más facilidad. Lo único que me devolvió la cordura fue aceptar que cada persona y, en este caso, cada bebé, funciona a su propio ritmo.

Ahora, intentamos pasar tanto tiempo fuera de la casa como nos es posible. Vamos a montones de clases y sesiones de juego con otros niños; mantenemos la mente ocupada. Hay días en los que se pone como una fiera por falta de sueño durante el día, PERO las dos nos encontramos mejor por haber salido a la calle. No he perdido la esperanza de que duerma durante el día, pero hasta ese entonces, este sistema me da cierta libertad para no quedarnos encerradas.

Todo iba bien hasta que la matrona observó unos síntomas que no le convencieron y así, sin más, se nos desbarataron los planes.
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