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Diarios de padres y madres

La gente suele decir que te enamoras de tu bebé en cuanto nace... pero yo no sentí esa conexión “extraordinaria”.

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No tuve un vínculo instantáneo con mi bebé después del parto, ¡y me sentí tan culpable!

Vertou, France


Llevo viviendo con mi pareja desde hace 10 años y llevamos casados 2 años. Convertirnos en padres era uno de nuestros planes de futuro y lo conseguimos muy rápido. ¡Me quedé embarazada dos meses después de terminar mis estudios!

Descubrí que estaba embarazada cuando el futuro padre estaba de viaje de negocios, el día antes de que él volviera a casa. Sentí que no podía contárselo por teléfono, así que esperé a que volviese con una cajita que simbolizaba el evento. Después de una noche en la que apenas dormí, llegó el momento. Por desgracia, a mi marido le habían dado malas noticias aquel día y su puesto de trabajo estaba en riesgo... Pero, a pesar de todo, estaba encantado con el embarazo.

Llevaba queriendo tener un bebé desde hacía mucho tiempo, así que no me daba aprensión estar embarazada. ¡Todo salió muy bien! Florecí, me encantaba mi barriguita. También estaba bien eso de no tener que trabajar y lo disfruté al máximo.

Me puse en contacto con otras madres jóvenes y futuras madres y hablamos por internet, a través de redes sociales y aplicaciones de móvil. No recurrí tanto a mi familia y amigos.

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Quería saber el sexo del bebé antes del parto para hacer planes, comprar ropa y decorar. A medida que pasaban las semanas, cada vez estaba más convencida de que iba a dar a luz antes de tiempo. Sin embargo, a pesar de que hice montones de actividades para desencadenar el parto hasta el último momento, mi bebé aguantó hasta el final natural del embarazo.

El parto fue bastante rápido: las contracciones empezaron a las 5 de la mañana y Liam nació a las 14:04 del medio día. Me moría de ganas de marcharme del ala de maternidad e irme a casa, pero los primeros dos días fueron difíciles, ya que estaba sola y me sentía un poco perdida con mi hijo. Después, conté con la ayuda de mi marido, que se quedó en casa durante los 15 días siguientes. Cuando volvió al trabajo, ya me sentía mucho más segura de mí misma. Me puse menos limitaciones y me permití hacer montones de actividades con Liam.

Mirándolo en retrospectiva, creo que pasé por un ligero período de depresión posparto las primeras semanas. La gente suele decir que te enamoras de tu bebé en cuanto nace... pero yo no sentí ese amor. Lo cuidaba, le tenía cariño, pero no sentía esa conexión “especial”. No sabía si eso era normal o si debía sentirme culpable. Muy poca gente habla de esta clase de presión, pero muchas de nosotras hemos sentido esta especie de culpa.

¡Los meses pasan deprisa con pequeños placeres, mucho orgullo y preguntas! Es increíble ver lo rápido que ha crecido mi hijo, lo cual hace que me surjan preguntas sobre la manera en la que voy a educarlo. También pensé que era mucho más paciente con las cosas. Tengo que admitir que depende mucho del día y de lo cansada que esté.

A veces me resulta difícil ceder y permitir que mi hijo llore. Como madre, pensaba que jamás lo dejaría llorar, que intentaría averiguar por qué lloraba y tranquilizarlo. Pero al final resulta que, a medida que crecía, tenía que dejarlo llorar cuando ya no podía más y cuando no tenía ninguna solución. Todas las cosas que pensabas antes de convertirte en madre se van por la borda. Cada niño es diferente y depende de nosotros adaptarnos a ellos, no a la inversa.

Algunos valores son importantes para mí y me gustaría inculcárselos a Liam: respetar a los demás, compartir, ayudarlo a crecer, darle confianza, de manera que sea agradable vivir con él. Ahora que ha empezado a gatear, el reto es conseguir que entienda lo que puede y no puede hacer. También necesita más seguridad, ya que está pasando por una fase de “miedo a que lo abandonen”.

Vamos un poco a tientas, porque no sabemos qué entiende realmente. Sin embargo, un consejo que les daría a las futuras madres es que no se presionen a sí mismas. Tienes que escuchar los consejos que te dan, PERO también tienes que tener confianza en tu habilidad como madre porque, al final, tú eres la que realmente sabe qué es lo mejor para tu hijo.

Cualquier madre que haya usado un sacaleches sabe que este líquido vale su peso en oro.
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