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Diarios de padres y madres

“Conocer a Finn, y saber que el viaje en el que nos habíamos embarcado hacía más de 12 años por fin había culminado, fue la sensación más maravillosa del mundo”.

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Nuestro viaje de 12 años para convertirnos en una familia

Helen, Melbourne, Australia


Decidimos formar una familia en el año 2000, pero la vida no transcurrió según lo previsto. Tuve un embarazo ectópico con ruptura. En el 2003 probamos con la fecundación in vitro. Durante los primeros ciclos, yo trabajaba mucho y estaba reformando la casa. Pensándolo bien, no eran las circunstancias ideales. Al final, recibí 13 ciclos sin éxito.

En el 2004 empezamos a investigar el tema de la adopción. Se supone que no podíamos estar con la fecundación in vitro e intentando adoptar al mismo tiempo, pero yo tenía que tener un plan B, mi mente funciona así. La adopción local no era adecuada para nosotros por muchas razones, así que buscamos en China. Nos dijeron que tendríamos a un bebé en nuestros brazos en un plazo de entre 13 y 18 meses.

Durante los primeros años no pasó nada, solo esperamos. Mientras tanto, probamos con otros protocolos de fecundación in vitro sin éxito. Primero, con la donación de óvulos en EE. UU. y, luego, con un vientre de alquiler, tanto con óvulos de donante como con embriones de donante. Por desgracia, eso tampoco funcionó.

Nuestro viaje de 12 años para convertirnos en una familia

Para aquel entonces, Mick estaba agotado emocionalmente y tenía dudas. Pero yo nunca perdí la esperanza. Sabía que sería madre algún día, así que probé una opción tras otra. En 2011 nuestra agencia de adopción llamó para hablar sobre la opción de acoger a un niño con necesidades especiales. Muchos niños que venían por medio de canales internacionales tenían discapacidades complicadas, así que teníamos que entender con qué nivel de discapacidad podíamos lidiar. Hablamos con dos médicos especialistas, que fueron magníficos. Nos ayudaron a entender de verdad los niveles de cuidado que suponía. Completamos el programa y volvimos a esperar.

En junio de 2012 decidimos volver a probar con la fecundación in vitro. Estábamos en la sala de espera, a punto de entrar, cuando recibí una llamada. Había un niño de 18 meses en China que necesitaba una familia. Salimos de la consulta y fuimos directos a la oficina del Departamento de Servicios Humanos. Sabíamos que no teníamos mucho tiempo, ya que era última hora de la mañana y EE. UU. y Europa se despertarían pronto y accederían a la misma base de datos global en la que había aparecido nuestro pequeño. Tuvimos suerte de estar en Australia, porque pudimos verlo antes. Cuando llegamos, nos dieron su archivo. Tenía dos páginas escritas en mandarín que no entendíamos en absoluto. Por suerte, Mick tiene un compañero chino que nos lo tradujo esa misma noche y todo parecía estar bien. Le enviamos la información y una foto de nuestro pequeño a uno de los médicos y él no lo dudó. “Adoptadlo”, nos dijo.

Tuvimos 6 semanas para completar el papeleo, organizar los visados y reservar los vuelos; luego, nos fuimos a Nankín, en China. No sabíamos qué llevar, así que compré un montón de ropa para niños de 2 años en E-bay, muchos biberones y leche de fórmula y algunos juguetes, y nos marchamos.

Nuestra guía de la Agencia China de Adopción fue a buscarnos al aeropuerto. Nos llevó a un hotel donde nos alojamos durante un par de días para aclimatarnos y prepararnos para conocer a Finn. Al tercer día nos dirigimos a la oficina de adopción. Nunca olvidaré el momento en que lo vi por primera vez. Era un día ajetreado, con un montón de niños pequeños. Entonces, nuestra guía dijo: “¡Ahí viene!”. Tres hermosas mujeres del orfanato entraron y una de ellas sujetaba a Finn. Eran tan pequeño. Quise cogerlo de inmediato, pero no estaba segura de si sería lo correcto. Pregunté: “¿Puedo cogerlo?”. Y él se acercó a mí, vacilante al principio, pero nuestra guía dijo “Estos son mamá y papá” y creemos que lo entendió. Nuestro viaje de doce años por fin había acabado.

Echando la vista atrás, aunque pasamos por una época difícil, siempre supe que no iba a quedarme con las manos vacías. Luchamos contra el destino una y otra vez para poder tener una familia. Si alguien más está pasando por una experiencia similar, todo lo que puedo decir es que tengáis fe... y que nunca jamás dejéis de perseguir vuestro sueño.

Lo mejor que pude hacer fue unirme a un grupo de apoyo para madres de la zona.
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