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Diarios de padres y madres

“Todo iba bien hasta que la matrona observó unos síntomas que no le convencieron y así, sin más, se nos desbarataron los planes”.

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Mi función era apoyar a Rachel y velar porque nuestro sueño se cumpliera

BEN, GATESHEAD, UK


El plan era dar a luz en casa. Rachel quería enfocarlo de un modo muy orgánico y con la mínima intervención externa posible, así que esa era mi labor. Compramos una piscina de parto, contratamos a una doula llamada Janine y leí todo lo relacionado con el parto domiciliario que encontré. No libros de esos inútiles para “papás”, sino guías y artículos centrados en el aspecto médico: quería entender por lo que iban a pasar Rachel y el bebé.

Cuando observamos las primeras señales de parto el miércoles por la noche, nos acomodamos en casa e intentamos tranquilizarnos. A medida que las contracciones se volvían más intensas, instalamos la piscina de parto en la cocina y llamamos a la matrona y a la doula. Llegaron el jueves por la mañana temprano. Todo iba bien hasta que la matrona observó unos síntomas que no le convencieron y así, sin más, se nos desbarataron los planes.

Pide más información siempre o pregunta si hay alguna alternativa en el hospital.

Encendieron la sirena de la ambulancia y, antes de que nos diéramos cuenta, estábamos en una habitación privada del hospital. Un entorno estéril y mucho más estresante que el de casa. Pero la doula nos acompañó en todo momento, lo que ayudó bastante. Ni Rachel ni yo estábamos contentos con la situación, porque tampoco puedes quitarte de la cabeza los “qué hubiera pasado si...”, pero tuvimos que confiar ciegamente en los expertos y seguir sus indicaciones.

Habíamos preparado un bolso para el hospital (te lo recomiendan, por si acaso), pero no metimos algunas de las cosas que hubiéramos tenido en casa. Recuerdo que Rachel quería un difusor de perfume o un quemador de aceite para aromatizar el cuarto, pero eso quedó descartado.

Mi función principal era apoyar a Rachel, atenderla, darle de beber y comer, y ser su portavoz cuando no estuviera presente. Conocía el plan de parto a la perfección y me repetía mentalmente algunos consejos de los artículos que había leído, como no tomar decisiones precipitadas llegado el momento, Pide más información siempre o pregunta si hay alguna alternativa en el hospital. Sabía que Rachel quería dar a luz de la manera más natural posible, así que tenía que asegurarme de que los médicos respetasen su decisión para no perder más control sobre la situación del que ya habíamos perdido.

Cuando por fin nació Affie, un viernes por la tarde-noche, la enfermera la puso en los brazos de Rachel para que intentara darle el pecho, como ella quería. Luego, me llegó el turno de sostener a la pequeña. Me quité la parte de arriba y la abracé para que sintiera su piel contra mi piel. Fue un momento precioso, pero totalmente surrealista. Recuerdo pensar: “¿Qué está pasando?” No se lo dijimos a nadie hasta un día o dos después. Queríamos pasar tiempo a solas con el bebé primero.


-deep-breath-trust
Valió la pena asumir el riesgo y hacer algo totalmente diferente.
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