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Diarios de padres y madres

Muchas cosas hacían que me entraran náuseas: perfume, champú, la loción para después del afeitado de David... ¡y ni siquiera dejó de usarla!

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Las náuseas matutinas eran horribles

CLARE, GATESHEAD, UK


El embarazo de Freddy fue pan comido. Al principio, me agobié un poco porque todo parecía ir a mil por hora, pero el embarazo de por sí fue fantástico. Había un tipo en el trabajo que solía comer unas patatas fritas con sabor a jamón que me hacían salir pitando a devolver al baño, pero aparte de esto, fue coser y cantar.

Ahora mismo, estoy de cinco meses y el segundo embarazo no está teniendo nada que ver con el primero. Para empezar, este me cogió totalmente por sorpresa. Un día, me encontraba fatal y pensé que había pillado uno de esos virus estomacales que siempre hay por ahí. Entonces, fui al médico y me hicieron análisis de sangre; así es cómo lo descubrí. Al principio fue como un jarro de agua fría, me preguntaba cómo íbamos a apañárnoslas y me sentía fatal. Todo el cuerpo me dolía, estaba cansada continuamente y tenía ganas de vomitar a todas horas. Muchas cosas hacían que me entraran náuseas: perfume, champú, la loción para después del afeitado de David... ¡y ni siquiera dejó de usarla! Lo mismo pasaba con la comida: empecé a usar un libro de recetas para embarazadas, pero todas me resultaban repugnantes. Especialmente, si alguna llevaba chorizo. Lo único que parecía no darme asco era el pan, así que me hinché. También podía comer cosas sólidas y secas, como las galletas, pero ya está. Apenas podía moverme de casa por las horribles nauseas matutinas que sufría.

Clare sufrió muchas náuseas matutinas

Creo que también pillé uno de esos virus estomacales, porque me sentí muy distinta en comparación con el primer embarazo. Además, fue justo después de Navidad, así que me había puesto de turrón hasta las cejas... vamos, que no me estaba cuidando. Me agobiaba por todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, cosa que tampoco ayudó. Habíamos fijado la fecha de boda en el 23 de septiembre, pero tuvimos que posponerla porque salía de cuentas el 3; ni de broma podríamos celebrarla aquel día. Supongo que estaba hecha polvo, conmocionada por la noticia y hormonada a más no poder al principio de todo.

Luego, a eso de las 14 semanas, me levanté un día y me encontré estupendamente. No me sentí rara. Supongo que las hormonas se aplacaron y mi cuerpo se acostumbró al embarazo. Recuerdo que una amiga me dijo que a las seis semanas el bebé tiene el tamaño de una lenteja. Parece mentira que una cosita tan pequeña te haga sentir tan mal. Ahora, por el contrario, tiene el tamaño de un melón y me encuentro genial. ¡No tiene sentido ninguno!

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