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Aula de padres y madres

“Me encantaba estar en casa con Kai, pero me di cuenta de lo fácil que era quedarme encerrada sin salir durante días”.

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Lo mejor que pude hacer fue unirme a un grupo de apoyo para madres de la zona.

SUKARI, BOSTON.


Sukari

Selina volvió a trabajar después de tres semanas pero, para ser sincera, a mí no me importaba en absoluto. Yo quería quedarme en casa con Kai, anhelaba hacerlo. Y fue el peor invierno que había habido en Boston en años, con récords de nieve, así que estaba encantada de quedarme en casa y mantener cálido a nuestro bebé. Me sentía muy protectora.

Cuando el tiempo cambió, empecé a entrar en Skype y Facebook para retomar el contacto con la gente. Empecé a desear de verdad mantener una conversación adulta. Mi vocabulario se había reducido, ya ni siquiera podía leer. Antes solía leer un par de libros a la semana y ahora me costaba concentrarme en algo que tuviera más de cinco páginas.

El cerebro de bebé es algo muy real y es aterrador. Me encantaba estar en casa con Kai, pero me di cuenta de lo fácil que era quedarme encerrada sin salir. Y eso no es sano. Tienes que estar en contacto con otra gente, con otros padres, y necesitas ayuda. Es bastante difícil admitirlo, pero no puedes hacerlo todo sola y no puedes confiar en los consejos de Google o acabarás volviéndote loca.

Por eso me uní a un grupo de madres locales. No tengo familiares cerca, así que se convirtieron en mi fuente de apoyo, mi gente. Nos reuníamos cada semana y todas compartíamos algo positivo y algo negativo. No importaba de qué se trataba. A veces, lo que era positivo para una persona era negativo para otra. Pero daba igual. Nos escuchábamos las unas a las otras y no juzgábamos. Eso era muy importante: ya te juzgan y se meten contigo bastante en sitios como las redes sociales, y eso no ayuda. Solo porque algo no te convenza, no significa que esté mal. Y así era como pensaba el grupo. También hizo que saliera de casa, ¡me obligaba a tener que quitarme el chándal! Pero si iba con mi chándal puesto tampoco pasaba nada. Nadie juzgaba a nadie.

Mi matrona también organizaba una jornada de puertas abiertas genial cada mes. Iban muchas madres y todas cuidábamos de los bebés de las demás y simplemente charlábamos sobre cómo iban las cosas. Cuando eres madre primeriza, a menudo dudas de ti misma o le das mil vueltas a las cosas. Necesitas a alguien que te tranquilice y te recuerde que tienes que confiar en tu propio instinto. Sé que es un poco un cliché decir que “simplemente sabrás” lo que tu bebé necesita, pero la verdad es que así es. Unirte a grupos de apoyo para padres y madres sencillamente te aporta la confianza que necesitas para creértelo.

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La lactancia no siempre es fácil, pero merece la pena.
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