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Diarios de padres y madres

“Las madres siempre están en el punto de mira cuando se trata de dar a luz y se nos juzga demasiado sin saber, no es justo”.

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Cada uno de mis partos ha sido diferente

Vanessa, Melbourne, Australia


Las madres sufren una presión increíble para dar a luz de forma natural, ser una heroína y empujar sin anestesia, pero cuando llega el momento de la verdad, no pueden controlar todo lo que ocurre a su alrededor. He tenido a mis tres hijos de tres maneras diferentes, y lo que yo quería en cada uno de los partos no tuvo nada que ver con lo que al final ocurrió.

Con Abigail, me monté un peliculón increíble: me imaginaba el momento de abrazar al bebé en un aura de amor espontáneo después de un precioso parto natural. Lo que ocurrió en realidad es que la niña se quedó atascada después de 13 horas de parto. Tuvieron que ponerme la epidural y, al final, me llevaron a quirófano para hacerme una cesárea de urgencia. Aquello me hizo sentir que había fallado, me llevé una gran decepción. Luego, la leche no me bajaba, de modo que tuve que darle el biberón, lo que me provocó un sentimiento de culpa aún mayor. Intenté con todas mis fuerzas darle el pecho y pude hacerlo; de hecho, logré continuar la lactancia durante 12 meses. Tengo la certeza de que todo esto estaba estrechamente relacionado con no haber dado a luz de manera natural, sentía que tenía que compensar al bebé y a mi familia de algún modo.

Vanessa: “Todos mis partos han sido diferentes”

Con Seb, quería que el parto fuera verdaderamente natural. Mark, mi pareja, me dijo que estaba loca y que debería tenerlo por cesárea, pero yo estaba convencida. Al final, fue una pesadilla. La primera contracción la tuve a las 23:30 y supe exactamente de qué se trataba. Lo que no esperaba era que la siguiente contracción viniera tan solo dos minutos más tarde. Al parecer, mi cuerpo no sufre dolores ni contracciones preparto, así que, sin comerlo ni beberlo, estaba dando a luz. En cuestión de dos horas, me encontré en una ambulancia y el cuerpo me pedía que empezara a empujar. No pude hacer nada por contenerlo. Llegué al hospital justo antes de las 2:00 de la mañana pidiendo a gritos la epidural, pero cuando me examinaron, el niño venía de camino y con fuerza. Llegué a la sala de partos y, un empujón más tarde, mi bebé estaba en el mundo. No hubo tiempo de enchufarme a ninguna máquina ni de darme medicación. Pasó todo tan rápido que mi cuerpo no tuvo otra alternativa que parir. Perdí muchísima sangre. Tuvieron que hacerme una transfusión y tardé bastante tiempo en recuperarme. Por lo general, ese parto natural del que todo el mundo habla a las mil maravillas resultó mucho más duro para mi cuerpo que la cesárea de emergencia. Cuando me la hicieron, pude llevar una vida normal al día siguiente.

En el momento en que me quedé embarazada de Roman, Mark ganó la batalla y nos decidimos por la cesárea desde primera hora. En secreto, anhelaba que el bebé se adelantara para poder tener un parto natural, ¡pero esto no se lo dije a Mark! El embarazo en sí mismo pasó como visto y no visto. No planeamos el parto y, la verdad, me centré más en los detalles prácticos sobre cómo apañármelas con tres niños posteriormente. Tampoco le di muchas vueltas al parto y, al final, fue una experiencia inolvidable por ese mismo motivo. No albergaba expectativas poco realistas, como me ocurrió con Abi, ni sufrí ningún trauma, como con Sebastian; fue un parto entrañable. Pude vivirlo con más intensidad, de modo que fue verdaderamente emotivo y espontáneo. Cosa que me encantó.

Las madres siempre están en el punto de mira cuando se trata de dar a luz y se nos juzga demasiado sin saber; no es justo. En su día, me hicieron una cesárea estupenda y mi cuerpo se recuperó mucho mejor que del parto natural. Este tipo de parto pareció no congeniar con mi cuerpo y, al final, solo puedes controlar la situación hasta cierto punto. Por eso, lo mejor es seguir tus instintos e intentar no sentirte culpable, sea cual sea el resultado.

Me había mirado y había sabido quién era. Era como si siempre me hubiera conocido.
Leer la historia de Emily
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