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Diarios de padres y madres

“Los nueve meses de embarazo los pasé inquieta: al principio, comprobando que no manchaba la ropa interior y obsesionándome con los síntomas del embarazo; luego, cegada por el miedo a que el bebé no se moviera día tras día”.

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Dar a luz tras varios abortos.

Ruth, London, England


Todos mis abortos sucedieron antes de las 9 semanas, de manera que cuando pasé ese punto con Charlie, estaba feliz de la vida. El equipo al completo lo estaba. Desde que perdí a Scarlett a las 32 semanas, jamás había conseguido mantener un embarazo más allá de la novena, pero aún quedaba mucho camino por delante. Esto es algo que jamás se te olvida después de dar a luz a un bebé muerto; no se lo deseo a nadie. Todo lo que rodea a este tipo de abortos lo es. No físicamente, sino a nivel emocional... es completamente destructivo.

Los nueve meses de embarazo los pasé inquieta: al principio, comprobando que no manchaba la ropa interior y obsesionándome con los síntomas del embarazo; luego, cegada por el miedo a que el bebé no se moviera día tras día. Me hicieron montones de ecografías y fui a consulta con la matrona o el especialista casi todas las semanas. A veces, bastaban un par de palabras para tranquilizarme. Mi marido no es muy expresivo, no muestra sus emociones fácilmente. A lo largo de los años y los abortos, habíamos aprendido a afrontar lo que nos viniera cada uno a su manera, aunque siempre unidos.

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Decidí que me indujeran el parto a las 38 semanas. Por aquel entonces, conocía al equipo médico bastante bien. Me sentía segura. Tuve el parto que quise y, esta vez, todo salió a pedir de boca. Hoy por hoy, Charlie es un niño sano y feliz.

Poco después de dar a luz a Charlie, empezamos a buscar el segundo. Los años no pasan en balde para nadie, así que no queríamos esperar demasiado. Y funcionó. Me quedé embarazada de Bertie antes del primer cumpleaños de Charlie y, en esta ocasión, todo fue completamente diferente. Tras hablar con amigas mías que han pasado por la misma situación, todas están de acuerdo. Después de tener un hijo, recuperas la confianza en ti misma. Sabes que puedes conseguirlo, que tu cuerpo no te va a dejar en la estacada. Vuelves a sentir que tu organismo no es inútil. Sabía que tenía el apoyo de las matronas y los especialistas, pero ¡rara vez necesité hablar con ellos! Y, por supuesto, tenía a un bebé en casa, de modo que tampoco disponía de mucho tiempo para pensar.

Esta vez, todo lo que atañó al embarazo fue mucho más sencillo, tanto a nivel físico como emocional. Acordé una fecha final con los médicos de 41 semanas, pero me puse de parto de forma natural el día después de salir de cuentas. Di a luz sin complicaciones, sin anestesia y yo estuve relajada en todo momento. La mayor parte de la dilatación y las contracciones la pasé en casa; llegué al hospital media hora antes de que naciera Bertie. Estoy convencida de que la clave estuvo en mi actitud y en la seguridad que tenía en mí misma. Por fin tenía la certeza de poder engendrar.

Ahora que soy madre, lo único que es diferente es el sentimiento de culpa. Adoro a mis hijos con toda mi alma, pero como todos los padres, también me enfado con ellos o me frustro en ciertas situaciones. Sé que no soy la única a la que le pasa, pero después de haber intentado tener hijos durante tanto tiempo y haber perdido tantos, cada vez que les grito o pierdo la paciencia con ellos, me embarga un sentimiento de culpa grandísimo. Cuando me tranquilizo, pienso en esos días de desesperación en los que hubiera dado cualquier cosa por tener un hijo y me digo “cómo voy a castigarlos, si es lo que siempre he querido”. El sentimiento de culpa es intenso, especialmente cuando estoy agotada y anhelo por unos instantes recuperar mi vida anterior. Esos momentos son particularmente difíciles y tengo que controlarme. Me obligo a recordar que lo normal es tener días malos. He aprendido a entender esos momentos como una clara señal de que he invertido mucha energía en otras personas y de que necesito un respiro.

Y así, poco a poco, salgo adelante. Scarlett sigue siendo parte de la familia. A menudo me pregunto cómo se hubiera portado con sus hermanitos, si hubiera sido muy mandona con ellos. Muchas de mis amigas también estaban embarazadas por aquel entonces y sus hijos han empezado a ir al colegio este año, entonces también me planteo cómo hubiera afrontado Scarlett su primer día de clase. Le he hablado de ella a Charlie un par de veces. No sé si llega a entender lo que quiero decirle de momento, pero para mí es importante que los niños sepan quién era su hermana. Me aseguraré de que esta familia no la olvide.

Me había mirado y había sabido quién era. Era como si siempre me hubiera conocido.
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